martes, 23 de enero de 2018

El retorno de los brujos Libro Segunda Parte





Cuando se publicó en Francia, hacía sólo quince años que había terminado la Segunda Guerra Mundial. La idea del mismo la tuvo Louis Pauwels, un inquieto periodista muy activo durante la resistencia a los nazis y seguidor de las doctrinas de Gurdjieff, que tenía en mente escribir una especie de enciclopedia de las sociedades secretas que controlaban Europa. Fue Jacques Bergier, un superdotado capaz de leerse un libro en minutos, ingeniero, espía y aprendiz de alquimista, el que le convenció para hacer algo más amplio y así surgió la chispa.


Bergier tenía, sin duda, muchas cosas que contar. Gracias a su trabajo se descubrieron las bases secretas de bombas volantes nazis en Peenemünde. En una prisión de la Gestapo descubrió que tenía facultades telepáticas. E incluso fue condecorado. Pero la experiencia que lo marcó tuvo lugar poco antes de la Gran Guerra, mientras trabajaba como ayudante de laboratorio del químico André Helbronner, un sabio que llevaba años soñando con la bomba de hidrógeno.

Un día, hacia 1937, su jefe lo envío a una curiosa entrevista con un tipo que decía ser alquimista.

Hablaron durante un buen rato, y éste le mostró su preocupación por lo cerca que creía que Helbronner estaba del éxito. "Los trabajos a los que se dedican ustedes y sus semejantes son terriblemente peligrosos", le advirtió. "Y no son ustedes los que están en peligro, sino la Humanidad entera". Le contó entonces que las reacciones nucleares que estaban a punto de desencadenar ya habían sido descubiertas siglos atrás por viejos alquimistas. Es más, según aquel tipo, civilizaciones enteras se habían volatilizado por el mal uso del átomo.